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lunes, 10 de octubre de 2016

Gekokujou (Revolución) - Capítulo 2

-Pequeña, tu padre nos mandó a buscarte. ¡Sal!
-Rin, no deberías gritar. Delatas nuestra posición.
-Que es justo lo que necesitamos. Esa niña está por ahí perdida, Len.-me contesta Rin.
Llevamos quince minutos buscándola. Tengo la garganta destrozada de gritar, aunque apenas he gritado desde que entramos en la zona profunda del bosque, que es donde moran los malhechores. Ya no hay camino que seguir, los árboles nos rodean y no dejan pasar la luz del sol, por lo que vamos en penumbra, aunque tenemos suerte de que aún sea de día. De noche no veríamos más que nuestra nariz.
-Delatas nuestra posición, sí, pero no solo a la niña. También a los ladrones, secuestradores y violadores.
-Eres un miedoso. No se nos echará nadie encima. Nosotros podemos defendernos. Pero, ¿y ella? Ella está sola, Len.
-Ya, pero...
-¿Quién anda ahí?-suena una poderosa voz.
-¡Solo somos dos jóvenes buscando a una niña pequeña para llevársela a su padre!-grita Rin intentando ver entre los árboles.
De entre los arbustos salen seis hombres y mujeres armados con algo que solo habíamos visto en libros: pistolas. Según los mayores, después de la Gran Explosión, volvimos a la Era Edo: todas las armas destruidas y los sabios muertos. Solo quedaron los campesinos y los más humildes, por lo que volvimos atrás en el tiempo.
-¿Cómo tenéis esas pistolas?-pregunto asustado.
-Oh, ¿sabes qué son? Entonces también sabrás que una sola bala puede matarte. Son de unos restos que encontramos. Pero, por ahora, vais a venir con nosotros y os convertiréis en nuestros esclavos.
-¡Jamás serviré a alguien como vosotros, maleantes de pacotilla!
-Oh... Vaya... ¿Qué tenemos aquí? Una preciosa jovencita con aires de grandeza... Tal vez debamos enseñarle modales, ¿no creéis, chicos?
-Modales os enseñaría yo, sucios ladrones.
-¿Quién osa llamar a los Oncers algo tan vulgar como "sucios ladrones"?-dice una voz desde los árboles, sin mostrar su cara.
-Líder Álvaro...
-¿Álvaro? ¿Qué clase de nombre es ese, por Dios?
-Es un nombre que hace mucho que nadie escucha. Fue de un malvado chico que estuvo a punto de conquistar el mundo.
-¿Y eso de Oncers? ¿Qué clase de...?-le tapo la boca inmediatamente.
Oncers. No sé lo que significa, pero no parecen bandidos normales. Hay algo... raro en ellos.
-Comprendo que a unos niños como vosotros no entendáis inglés. Supongo que vuestros mayores jamás os enseñaron y jamás os enseñarán. No quieren que os relacionéis con el pasado. Oncers es el principio a Once upon a time. Es decir, Érase una vez. La frase por la que comenzaban todos los cuentos de hadas.
-¿Y por qué os hacéis llamar así?-pregunto con curiosidad.
-Muy claro. Sabemos que los del pasado aún viven. Buscamos pistas, algo para poder saber dónde...
-¡Eso es imposible! ¡Todos murieron en la Gran Explosión salvo las dos familias!-salta Rin interrumpiendo.
-Ay, pequeña... Me caes bien, tu inocencia y tu ignorancia me resultan graciosas. Yo no soy ni de una ni de otra. ¿Estás diciendo entonces que yo no existo?
-Tú debes ser de alguna de las dos, pero no lo quieres reconocer.-dice Rin cada vez más mosqueada.
-Mi apellido no es ni siquiera japonés. Ah, cierto, no sabéis que sois japoneses.
-¿Japoqué? ¿Qué es eso?-pregunto con curiosidad. Seguramente mis ojos brillan de interés.
-Tenemos un chico curioso y una chica graciosa. Os lo enseñaré. Aprenderéis todo lo que sé. Y podréis cuidar a esa niña que tanto queréis. Pero solo si servís a mi causa. Solo si os convertís en Oncers.
-No me dejaré engatusar por viles ladrones asquerosos.
-A mí me gustaría aprender. ¿Y si tienen razón, Rin? ¿Y si sí que sobrevivió alguien? ¿Y si con ellos conseguimos sabotear los planes de los de verde?
-Sois de los amarillos ¿eh? Nunca estuve de parte de nadie en esa guerra sin sentido, pero sin duda los amarillos me caen mejor. Siempre me ayudaron cuando lo necesitaba. Luego recompensa al canto y desaparecía.
-Espera, ¿¡tú eres el hombre misterioso!?-dice Rin con gran admiración.
-Veo que no te soy desconocido.
-¿Quién no conoce al hombre misterioso? ¡Siempre quise acogerte en mi casa, aunque sabía que era imposible! Y ahora te tengo enfrente.... ¡Por favor, sal y deja que te vea!
-¿Nos acompañaréis y seréis Oncers?
-¡Sí!
-Bien, pues acompañadme.-dice mientras se escuchan pisadas entre los árboles.
Todos los que nos rodeaban nos miran mal, como si hubiésemos hecho algo que no debiéramos, pero aún así nos dejan seguir al llamado Álvaro. Después de unos minutos andando entre los árboles, llegamos ante un claro. En él, todos están alrededor de un chico de unos 17 años o así, moreno, alto, de piel clara, buen cuerpo físico y vestido con ropas oscuras, preparadas para ocultar tantas armas como necesite.
-¡Ah! ¡Por fin volvió Álvaro!-grita una mujer de unos veinti tantos saliendo de entre los arbustos portando una cesta con frutas del bosque.
-¿Álvaro es un chico de 17 años? ¿Él es el Hombre Misterioso?-me pregunta Rin sorprendida.
Yo asiento, mientras miro el gran edificio que se yergue detrás de él.
-Chicos, bienvenidos a La Base. -dice el chico joven acercándose a nosotros.- Aquí viven casi todos los Oncers. Algunos, por supuesto, viven inflitrados en vuestra ciudad. Necesitamos suministros para sobrevivir, por supuesto, y también información.
-Esto es... ¿una ciudad? ¿Dentro de un bosque?
-Así es, chico. Y yo soy Álvaro, por si os lo preguntábais. El líder de esta ciudad. -dice mientras la señala con un notable orgullo.- Venid. Os la enseñaré.
Álvaro se aleja a gran velocidad y Rin me coge de la mano y me lleva con él. Rin camina justo a su lado, mientras que yo observo con curiosidad la ciudad. Nos lleva a un gran mercado, donde cientos de personas venden sus cosechas, lo pescado en la mañana y diversas frutas del bosque en diferentes puestos. Hay bastante gente, paseando, mirando los puestos... Hay parejas jóvenes cogidos de la mano y parejas ancianas que se miran con amor. Aquí nadie parece tener hambre ni sed, nadie parece vivir sin un techo y sin el calor de una casa y una familia. Aquí todo parece felicidad, alegría. Muy diferente a nuestra ciudad.
-¿Toda esta gente tiene casa?-pregunto con admiración.
-Así es. Y a los que llegan nuevos se les arrima el hombro y se construye una casa para ellos. Como lo haremos para la vuestra.
-Sobre eso... Tendríamos que hablarlo en privado.
-De acuerdo, lo hablaremos. Pero por ahora os enseñaré la ciudad miemtras os llevo al centro de operaciones. Allí es donde tratamos temas como por ejemplo, vosotros. Qué haremos con vosotros, qué función tendréis aquí...
-Esto es... Precioso. Se respira paz y tranquilidad.-dice Rin absorta en las sonrisas de los niños jugando, los jóvenes amando, los ancianos andando sonriéndonos al pasar.
-Pero todo no puede ser perfecto. Tiene que haber ladrones y demás.
-No, no los hay. Si ellos están aquí es por una única razón: quieren quedarse aquí. Y para poder quedarse aquí, se necesitan dos cosas: ser Oncer y que nadie intente algo ilegal.
-¿Aquí también tenéis leyes?
-Ay, chico. Ofende que penséis eso. Nosotros somos como cualquier otra ciudad. Bueno, no. Mejor. Porque yo soy el líder.-dice con una sonrisa.
Nos acercamos al final del mercado. Todos los puestos acaban abruptamente, dejando paso a un paisaje devastador, pero a la misma vez esperanzador. Toda aquella parte había sido incendiada. Todo estaba reducido a cenizas, no había ni un edificio en pie. Pero los hombres, en vez de estar desolados ante lo que eran sus casas, están reconstruyéndolas, poco a poco, piedra a piedra.
-¡Álvaro! Hacía tiempo que no te veía.
-Martos, viejo amigo. Supongo que no tener tiempo no deja visitar a los amigos. ¿Qué ha pasado? Cuando me fui todo estaba en orden.
-¿Tuviste una tormenta estos días? Dicen que cayeron varios rayos en las cosechas de la ciudad. Pues La Base tampoco se libró.
Era cierto. Casi todas las cosechas de la ciudad habían sido arrasadas hacía unos días. Claro, solo las únicas cosechas que quedaban en pie desde que empezó la sequía. La lluvia se agradeció. Los rayos no.
-¿Un rayo cayó aquí mientras no estábamos? Dios santo...
-Llegamos a pararlo a tiempo, y entre todos decidimos que el mercado llegara hasta donde comenzaba el desastre, para los que no tuviéramos nada que hacer, pudiéramos reconstruir este lugar. Muchas familias se han quedado sin hogar y es momento de arrimar el hombro.
-¿Todas las familias tienen sitio donde descansar?
-Fred y Joanna están en casa de Louis. Angus y Lucy, los huérfanos, están en mi casa. Los demás se han repartido como hemos podido.
-Algo me da de que esos niños dejarán de ser huérfanos en poco tiempo. Tu mujer les cogerá cariño.
-¿Sofia? Probablemente, sí. Pero no me molestaría. Son unos niños trabajadores y obedientes. Bueno, marcho a trabajar. Me alegra haber charlado contigo, Álvaro.
-Igualmente, Martos.
-¡Suerte con esos dos!-dice gritando mientras se aleja a ayudar a dos jóvenes que intentan alzar una viga de madera.
-Bueno, sigamos. Ya queda poco.
-¿Quién era?-pregunto con curiosidad.
-Un viejo amigo. Llegó aquí de casualidad, le gustó esto y mi historia y decidió convertirse en Oncer.
-Cierto, aún no nos has contado la historia.
-Supongo que hasta que no estemos tranquilos y conozca vuestros nombres no os contaré nada. Bueno, ya estamos muy cerca. ¿Seguimos?
-Sí, vamos. ¡Estoy deseando verlo todo!-dice Rin emocionada.
Recorrimos toda la parte de cenizas y otra buena parte donde las casas estaban decoradas con hermosos balcones llenos de flores y jóvenes mujeres recorrían las calles entre risas en grupo de tres o cuatro. Las casas desaparecieron de nuestros costados y apareció un claro de hierba verde clara, con un gran edificio en medio del claro. Es bastante más alto que los demás y sus paredes están llenas de cristales. Parece casi imposible que se mantenga en pie. Tanto Rin como yo nos quedamos embobados mirando tal milagro de la construcción.
-Aún podéis volver. Si entráis ahí, no volveréis atrás nunca. Seréis Oncers. ¿Estáis dispuestos a servir a esta organización? Si es así, entrad. Si no, marchaos por donde habéis venido.-dice Álvaro entrando por una puerta de cristal que se abre como por arte de magia.

Rin me mira. Yo la miro. No hay vuelta atrás. Asentimos. Y entramos como Álvaro lo ha hecho. Ya somos Oncers de pleno derecho.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Diario de Isabel #3

¡Hola chicos! ¿Qué tal lleváis esta semanita? Espero que bien n.n Bueno, como siempre, voy a comentar algunas cosillas. Acabo de subir un miniminiminimini one-shot llamado "El suelo". Os recomiendo que lo escuchéis con la canción Storm de Ruelle, porque yo la escribí con esa canción y os aseguro que aunque la letra no tenga nada que ver... Queda mágico xD Bueno, bueno, también que ya llevo una semanita en la Universidad y por ahora me va bastante bien. He hecho muchos amiguis y aparte sigo con mi mejor amiga, así que estoy feliz de la vida. Me encanta hablar con mi amiga de Israel que también me ayuda mucho cuando estoy así así y ¡también tiene un blog! Por si os queréis pasar La hora del té con Cami ;) Ahora algunas cosillas sobre las historias:

Comentarios acerca de las historias:

ENTRE BAILES DE SALÓN SERÁ DETENIDA
El por qué es bastante simple. Esta historia iba a ser escrita mientras yo aprendía bailes de salón. Dado que finalmente no voy a aprender, la dejaré detenida, aunque en vacaciones la reanudaré, porque tengo escrito toda la historia y demás, así que sin problemas n.n

GEKOKUJOU (REVOLUCIÓN) SE SUBIRÁ UN CAP CADA MES
Como dice el título, se subirá un cap cada mes hasta llegar a la última actualización en Wattpad o hasta donde yo haya escrito. Es una historia a la que le dedico gran parte de mi tiempo y cariño, así que quiero asegurarme de que todo estará bien con ella. Quiero estar orgullosa de ella, así que lo haré con esa lentitud. Lo siento, chicos ;P

BARAJA DE CARTAS TAMBIÉN SERÁ DETENIDA
Esta historia tiene personajes creados por mis amigos, por lo que me cuesta hacerla sin más ni más. Aún tengo que poner en orden y sentir cada personaje como mío, así que seguiré con ella en el próximo verano.

CREA TU PROPIA AVENTURA, ¿HABRÁ MÁS?
Ciertamente, me gustó cómo quedó el primer "Crea tu propia aventura" y quiero hacer más, pero esta vez quisiera hacerlos más largos y mejor hechos, así que tendrán que esperar a las aburridas clases en las que no hagamos nada o a las horas perdidas.

EVA Y SORAYA, LAS DESCONOCIDAS
Para los que no se fijen en las etiquetas, no sabrán de quién estoy hablando. Con Eva y Soraya me refiero a aquel One-shot de amor homosexual que hice. Sinceramente, creo que haré más One-shot acerca de estas chicas, pero siempre contando algo "diferente". Ya veréis a lo que me refiero en cada capítulo.

????????
Este es un nuevo proyecto que tengo marcado, y que hasta que no esté finalizado no lo subiré. La historia creo que os gustará y demás, pero no adelantaré nada más excepto que ya tengo el primer capítulo y muchas ganas de seguirlo. También tengo otro proyecto de reescritura, pero ese lo dejaré para más adelante.

Y con esto y un bizcocho... ¡Está explicado todo! Un beso muy grande para todos los que me leéis y hasta la próxima entrega ;)

El suelo - Oneshot

Hola, soy ese suelo que sueles pisar sin fijarte. Hace tiempo que quiero contarle al mundo como me siento. Soy pisoteado día y noche, sin parar ni un solo día, pero eso no me molesta. Al fin y al cabo, fui creado para eso. Pero yo he visto como sois los humanos. He visto historias de amor, de amistad, de traición y de odio. Y eso es lo que me molesta. Cuando veo a dos personas correr para abrazarse y tirarse a mí porque no les importa lo que los demás piensen, porque son felices de encontrarse... Dios, eso es maravilloso. Pero cuando una pareja tira al suelo objetos mientras grita... Eso me hace daño. ¿Por qué os empeñáis en pelear? Yo estoy dividido en miles de países, cientos de océanos, lagos y ríos. En cada planta de cada piso sigo estando ahí, dividido por cada casa. Y echo de menos a todas aquellas partes a las que ya no puedo alcanzar o que han muerto víctimas de los incendios. ¿Por qué os empeñáis entonces vosotros a estar separados por una pelea? Cuando llueve, yo vuelvo a ser fértil, olvido el dolor pasado y vuelvo a renacer. ¿Por qué a los humanos no os pasa? ¿Por qué, aunque os llueve todos los días y en el momento en el que queráis no sois capaces de olvidar el dolor y seguir estando juntos? Odio cuando os hacéis daños los unos a los otros, sois el mismo, ¿no lo veis? Yo necesito presenciar más actos de amor y de apoyo que de odio. Necesito ver más protestas por cosas injustas, más pedidas de matrimonio, más tiradas al suelo en un abrazo. Necesito ver menos armas en el mundo, menos balas, menos sangre siendo derramada sobre mí. ¿Y ese dolor que creáis en los otros? ¿Por qué jamás os paráis a pensar en eso? Es solo algo que quería compartir. Es algo que quiero exigir. Ya que me pisáis todos los días y me hacéis daño, ¿por qué no hacéis al menos esto que os pido? Quiero no ser bañada por más sangre y quiero que la gente se tire a mí feliz.

martes, 20 de septiembre de 2016

Gekokujou (Revolución) - Capítulo 1

-Estoy en posición.-le digo a Len a través de uno de los pocos walkies que sobrevivieron a La Gran Explosión.
Mi posición es al lado de La Cueva. No sé por qué le dicen La Cueva cuando realmente es un túnel. Aunque bueno, muy poca gente sabe que es un túnel. Supongo que será por eso.
-Rin, cuando quieras.-me responde Len.
Salgo de mi escondite. Cojo una granada y la lanzo. Uno de los niños la coje. Sale Len del otro lado y lanza unas cuantas. Los niños las cojen con ilusión y esperanza, y tardan muy poco en acercarse.
-¡Rin se han acabado las granadas! ¿Empezamos con las uvas?
-¡Sí, por supuesto!- digo con una amplia sonrisa.
Hace unas semanas que comenzamos a repartir fruta a los niños a causa de la sequía que acosaba a ambas familias. Los niños nos lo agradecen con las caras manchadas de felicidad y los padres nos miran agradecidos. De repente, los vemos. Son varios, y todos vienen armados con palos y porras. Los niños corren y gritan. Los padres corren con sus hijos. Len y yo nos vamos a La Cueva, no nos pueden pillar. Pasamos por un recoveco y llegamos al otro lado. No sabemos qué le han pasado a los niños.
-Otra vez ellos. ¡Estoy cansada de huir de los verdes!
-Ya lo sé, Rin.
Le miro. Tiene el pelo recogido en una pequeña coleta, como siempre, aunque las raíces están mojadas a causa del sudor. Sus ojos azules inspeccionan La Cueva, vigilando que nadie llegue.
-¿Tienes miedo de que entre algún verde? Este sitio solo lo conocemos nosotros.
-Ya lo sé, pero... ¿Y si...?
-Y si nada. Voy a ver si se han marchado para que podamos volver.
-Rin, te van a pillar.
-En lo que llevo de año lo has dicho unas... ¿500 veces? Y nunca me han pillado. Ni siquiera cuando espiamos a los verdes.
-Lo sé, pero me preocupo por ti. Si te pasa algo... Madre y padre ya no están, ¿recuerdas? Eres la única familia que me queda.
-Len, no digas eso. Todos los Kagamine son tu familia. Nuestra familia. Bueno, voy a ver.-digo mientras me marcho para ver si están.
Al salir, lo único que veo son un par de cuerpos tendidos en el suelo, sangrando y a punto de morir. Vuelvo a por Len y lo saco sin decirle nada. Él sabrá curarlos. Estoy segura.
-Len, ayúdalos. Yo no sé qué hacer.
-Mi... Hija... Bosque... Buscar... Cuidar...-dice incorporándose.
-Shhhhh, ahora debe aguantar un poco, no debería hablar.-dice Len apartando la mano que el joven había levantado hacia nosotros y tumbándolo en el suelo de nuevo.
-Yo... Morir... Vosotros... Buscar... Hija... Bosque...-dice con un último suspiro.
Cuando nos acercamos al otro cuerpo, ya está muerto.
-Rin, han muerto dos personas por nuestra culpa. No creo que debamos...
-Vamos al bosque.-digo poniéndome en camino.
-Pero, ¿tú sabes lo peligroso que es el bosque?
-Claro que lo sé, Len. Pero es aún mucho más peligroso para una niña. Tenemos que ir a buscarla.

-D-De acuerdo...-dice Len no muy convencido.

Entre bailes de salón - Capítulo 1: Vals de conexión

Esto no podía ser real. No podía ser cierto. Estaba sucediendo. Estaba recogiendo la habitación porque iba a venir ese dichoso profesor particular… Una vez terminada la tarea de recoger, se dio cuenta de que la habitación era más espaciosa de lo que recordaba. Alguien llamó a la puerta de la casa. Ya estaba aquí.
-¡Dante, tu profesor particular ya está aquí! –dijo su madre avisándolo para que bajara a recibirlo.
-Ya voooooy…. –contestó desganado.
Bajó lentamente los escalones y abrió la puerta para ver quién se encontraba tras de ella. Se trataba de un hombre de unos treinta y pocos, más alto que él pero no mucho y con una sonrisa en el rostro.
-Tú debes de ser Dante. Yo soy Frederich.
-El mismo que viste y calza… Pase. –le dejó pasar- Por aquí, le enseñaré mi habitación y el cuarto de baño. –dijo mientras lo guiaba por su casa subiendo los escalones.
-Con que esta es tu habitación, ¿eh? Tu hermana la describió más… desordenada. –dijo echándole un vistazo.
-Sí, bueno, he recogido un poco. No se acostumbre.
-Sé que no me quieres tener aquí, Dante, pero estoy aquí para enseñarte y ayudarte, no para entrometerme en tu vida privada.
-Ya, claro. Está aquí porque quiere sacarle el dinero a mi madre a través de las clases de baile.
-Claro, piensa que es por eso si así te sientes mejor. ¿Empezamos?
***
Tras una hora y media, el profesor comenzó a recoger sus cosas y a echar un vistazo a la ropa de Dante.
-¿Se puede saber qué hace?
-Tu madre me ha dicho que aún no le había dado tiempo a comprarte ropa adecuada para las clases, así que cogeremos algo de tu armario que sirva.
-¿Y por qué lo escoge ahora? No empiezo hasta la semana que viene. O algo así me dijo mi madre.
-Sí, eso te dijo tu madre. Hace una semana. Empiezas hoy, al igual que con las clases particulares.
-… Espere… ¿Qué?
-Que vayas recogiendo, nos vamos a tu primera clase de baile de salón.
-Debe de ser una broma. Esto es una broma. ¿A que sí?
-Para nada, vamos, levanta. No hagas esto más difícil. A Bea no le sentará bien que uno de los nuevos llegue tarde el primer día de clase.
-¿Bea? ¿En serio? ¿Y quién demonios es esa?
-Tu profesora de baile de salón. Venga, vamos. Ponte esto. –tiró a la cama unos vaqueros negros y una camiseta negra. –Al menos así no se enfadará mucho… Vamos.
-Espera un momento, tengo que llamar a unos amigos.
-No tardes mucho, estaré abajo. –dijo mientras salía de la habitación.
Dante llamó a Adam y lo puso en manos libres mientras se iba cambiando.
-Hey, ¿qué pasa?
-No voy a poder ir.
-¿Qué? Venga ya, no nos puedes hacer esto.
-Hoy. Comienzo.
-No me jodas. ¿Justo hoy? ¿Pero no dijiste que en una semana?
-Sí, eso te lo dije la semana pasada.
-Pues vaya mierda… ¿Y ahora qué hacemos?
-No lo sé. Intentaré que me echen e iré para allá lo antes posible.
-¿Pero podrás seguro?
Dante se quedó unos segundos pensando.
-Claro, tío. ¿Con quién crees que estás hablando? –sonrió ampliamente.
-Vale, intentaré conseguirte algo de tiempo. No me falles, Dante.
-No te fallaré. –colgó y bajó las escaleras rápidamente.- Ya estoy listo. ¿Nos vamos?
-¿Y esas prisas de pronto?
-No quiero llegar tarde a mi primer día. –sonrió de mala gana y se montó en el coche.- Mientras antes nos vayamos antes me iré…
***
Una vez allí, Frederich lo guió hasta una sala con más alumnos y se fue a otra habitación. Segundos más tardes, llegó una mujer joven, veintipocos, pelo negro como el azabache y unos lindos ojos azules. Llevaba el pelo recogido en una trenza con algunos mechones suelto y su piel pálida era resaltada por éstos. Vestía un vestido negro. Color liso, falda corta y con una manga larga y la otra una tiranta. Sonreía tranquila. Las demás chicas vestían vestidos parecidos al suyo y los chicos iban enchaquetados. Espera, ¿enchaquetados? No podía estar sucediéndole. No a él. ¿Tendría que llevar traje?
-Bueno, hoy tenemos entre nosotros a un nuevo compañero de baile. ¿Quieres presentarte?
-Eh… Bueno. Soy Dante Lianel. Vengo aquí por obligación de mi madre. Esto en verdad me parece una tontería…
La profesora alzó una ceja.
-¿Una tontería?
-Ajá. Si niños tan pequeños pueden hacerlo, yo también sería capaz.
-¿Crees que serías capaz de seguirme el ritmo en un Vals inglés?
-Creo que sí. –dijo desafiándola.
-Está bien. Clase, hoy iremos a la clase de al lado con Frederich y os haremos una pequeña demostración de Vals inglés. Así podréis ir viendo lo que aprenderéis en un año o dos.
La clase estaba entusiasmada. Todo salieron en tropel hacia el aula de Frederich, pero nadie entró. La profesora llamó a la puerta.
-Hola, Freddie, siento molestar en tu clase.
-No te preocupes, pasad. ¿Algún niño rebelde? –dijo refiriéndose a Dante.
-Sí, ni más ni menos. Cree que me podría seguir en un Vals inglés, así que me preguntaba…
-¿Si podríamos hacerles una demostración de lo que es realmente un Vals inglés bailado por profesionales? Claro, por supuesto. Sabes que me encanta. –dijo con una enorme sonrisa.- Además me vendrá de maravilla para la clase, justo hoy empezábamos con los vals.
-Bien, poneos todos al final de la clase, por favor.
-Jimmy, ¿podrías poner el disco que pone “Vals inglés0”?
-Claro, profesor. –el chico lo hizo tal y como le mandó.
Ambos se pusieron en una postura que a Dante le resultaba extraña e incómoda. Cuando empezó a sonar la música, ambos profesores se movían como si fueran uno. Sus pies estaban muy cerca el uno del otro, pero no se pisaban ninguna vez. Iban a una velocidad impresionante y en pocos segundos habían recorrido la sala un par de veces. A ambos se les veía disfrutar de aquel baile y Dante se quedó hipnotizado de aquellos pasos tan justos y precisos y de cómo la profesora sabía qué debía hacer en cada momento. Desde ese mismo segundo, se enamoró perdidamente de su profesora de baile de salón.
***
Una vez terminada la demostración y la clase, en la cual Dante se había esforzado para dar lo mejor de sí, se acordó de Adam y del partido. Corrió hacia el campo, pero cuando llegó, no había nadie. Tenía varias llamadas perdidas de Adam y una quincena de Whatsapps. Dante llamó a Adam, pero puso el teléfono lejos de su oído. En cuanto contestó, se escucharon gritos provenientes del otro lado de la línea.
-¡Eres un hijo de puta, Dante! ¡Sabías que este partido era importante! ¡Si me hubieras dicho que no estabas seguro, habríamos llamado a Oliver! Pero nooooo, Dante puede hacerlo. ¡Pues no te hemos visto! ¡Por tu culpa nos hemos quedado fuera de la competición y nos han penalizado!
-Tranquilízate, tío, no tengo el móvil en la oreja y te escucho perfectamente…
-¿Que me relaje? ¿¡Que me relaje!? Tío, Dante, excepto tus cosas no valoras nada una mierda. No nos dejan jugar durante un año entero. ¿Sabes qué voy a hacer durante un año entero? Soportar a mis padres. Y ya sabes cómo son. Tío, esta vez la has cagado pero bien. Olvídame, ¿sí?

-Hey, Adam, espe... –Adam ya había colgado.- Sabía a lo que me enfrentaba, pero aún así… Tampoco es taaaan grave, ¿no? –dijo mientras empezaba a irse a casa.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Soy un... monstruo...

   Cuando nací, nadie quería que yo llegase. Mis padres pensaban que me habían tenido demasiado jóvenes, mis abuelos no estaban de acuerdo con tener un yerno y una nuera como lo eran mis padres. Hasta a los médicos les pareció un fastidio que yo tuviera que nacer en ese momento. Lo noté en sus miradas, en sus suspiros, en las palabras que intercambiaban. Quizás ellos pensaban que no entendía nada, pero no era así.
   Mientras iba creciendo, iba viendo más caras como aquellas. Las caras de los vecinos al yo despertarlos por mis lloros. Las caras de mis profesores al verme cada día. Las palabras de burla que decían mis compañeros al conocerme. Nadie hacía nada para evitarlo, yo tampoco hacía nada.
   Cuando entré en primaria, yo ya estaba acostumbrado a eso. Ya no miraba los rostros, ya no miraba nada. Simplemente dibujaba, pero todas las miradas me parecían iguales. Nadie jamás me miró de otro modo, así que no sabía dibujar otra mirada.
   Entré en la ESO sin tener ningún amigo, tampoco lo necesitaba. Siempre estuve solo, no tuve apenas contacto con la gente de mi clase. Todos me sentían como un intruso en aquel mundo. Jamás me pregunté el por qué. ¿Eso acaso cambiaría algo? No, claro que no.
   El bachillerato se me pasó en un abrir y cerrar de ojos. Mi almohada ya iba notando algunos síntomas, aunque yo jamás me di cuenta hasta que fue demasiado tarde. Sacaba buenas notas en todo, pero aún así los profesores me veían como un fastidio. ¿Quizás era por mi nula atención en las clases? No lo sé, simplemente no me apetecía pensar en eso.
   La Universidad resultó ser una gracia amarga. Yo empezaba a darme cuenta, pero me negaba a creerlo. Estudié lo que querían mis padres, yo no había encontrado aquello que me gustara. Allí la gente me veía diferente. No como si fuera una molestia, sino como si fuera alguien raro. Alguien distinto. Y aprendí a dibujar otro tipo de mirada.
   Cuando terminé la carrera, me vi solo y sin camino decidido. Mis padres me echaron de casa, no podían aguantarme ya. Supongo que ya no me soportaban. No soportaban esa pasividad que tenía dentro de mí ante todo lo que me habían hecho.
   Sentado en mi casa, debajo de un puente, había muchos mirándome. Era el nuevo, y era un fastidio tener que alimentar a alguien más. Yo rehusaba las comidas. Más de una vez me senté al borde de la orilla y me quedé mirando el fondo del río. Cualquiera que cayera allí podría morir ahogado por la corriente que había.
   Un día, una chica se acercó a mí. Me miraba diferente a los demás y creo que, por primera vez en mi vida, sonreí levemente. Sin embargo, al ver aquello, todos los que me odiaban le cogieron tirria y comenzaron a apartarla de ellos también. Ella se encontraba sola. Un día sonreí para mí mismo al pensar en lo que haría aquel día. Yo sabía bien que ella no me quería, así que decidí alejarla de mí. En cuanto la vi aquel día, la besé. Ella me golpeó y se marchó, sorprendida. Sabía que ya no volvería a ir a verme, que ya me odiaría y los suyos la acogerían de nuevo entre ellos.
   Ese día, volví a mirar el agua del río. Y quise tocarla. Mi almohada había notado primero mis lágrimas, luego que ya no podía dormir. Yo sabía que mi cuerpo no estaba bien. Que yo no era una persona normal. Era una persona odiada por todos. Sentí el agua alrededor de todo mi cuerpo.
   Cuando sentí salir de mi cuerpo, vi que nadie prestaba atención a ese cuerpo ahogado que acabó en el mar. Jamás nadie me recordaría. Sentí que era ascendido, aunque no sabía a dónde. Escuché una voz retumbar en mi cabeza.
   -Niño maldito, niño odiado por todos. Dos cosas pudiste hacer matar o morir. Ahora, podrás descansar en paz y amor.
   Cerré mis ojos y desaparecí de toda dimensión. Dejé de existir. Justo como todos ellos querían.

Diario de Isabel #2

Holi a todos, queridos míos. Hoy vengo para contaros algunas cosillas de mí, como siempre en los "Diario de Isabel". Bien, la entrada anterior a esta (aquí os dejo el enlace http://cuentosdeisabel.blogspot.com.es/2016/09/yo-sere-quien-me-mate-crea-tu-propia.html) es un "Crea tu propia aventura". Para los que no estéis familiarizados con este tipo de historias, el funcionamiento es muy simple. Se os cuenta una historia en la que vosotros sois los protagonistas y en un momento dado os dan a elegir entre varias opciones sobre qué hacer. Al escoger una, solo debéis ir hasta donde os indique y seguir leyendo tranquilamente. Y así sucesivamente hasta que se llegan a los distintos finales. Fin de la explicación xD

Bueno, ahora hablaré un poco de mí. Estoy con nervios, emocionada, alegre, triste y un millón de emociones más reunidas y batidas dentro de mí. ¿El por qué? Pues es bastante simple. En cuatro días, será mi primer día en la Universidad, por primera vez mis padres me han dejado ir a un salón de colaboradora (y dormiré allí y demás porque está lejos) y un sinfín de cosas más xD

Quería avisaros de que intentaré, aunque no será seguro, subir como mínimo un capítulo de cada cosa al mes, aunque repito, no será seguro, dado que voy a estar bastante liada con la Universidad y el japonés (sí, también voy a dar japonés xD). Intentaré estar pendiente y demás de las cosillas que pongáis por aquí, pero no sé cuánto podré estar por aquí.

Y bueno, creo que nada más, así que buenas noches, descansad y ¡oyasumi!

martes, 13 de septiembre de 2016

Yo seré quien me mate. (Crea tu propia aventura)

Desperté en un lugar totalmente desconocido. Mi móvil comenzó a sonar y miré el número, no lo reconocía. Contesté.
-¿Diga?
-Te propongo una adivinanza~ Yo soy tú y te voy a matar... ¿Quién te va a matar? ¡¡Jajajajajajajajajaja!!
-No... No entiendo...
-Te lo pondré fácil, ¿¿sí?? Si te giras, sabrás quién te va a matar, pero te matará en ese mismo momento. Si no te giras y buscas la salida, todavía habrá una oportunidad para que te salves. Suerte~~

1- Te giras para ver quién es confiando en que era un farol.
2- Sales corriendo en la única dirección posible, hacia adelante.



1.
No me creí eso, tenía que ser un farol. ¿Quién iba a querer matarme y por qué? Yo jamás he hecho nada malo y ni siquiera sé dónde estoy... ¿Cómo voy a intentar salir de aquí si ni siquiera sé dónde es aquí? Me quedé unos segundos mirando la pantalla del móvil y, con un poco de miedo, me giré. Delante de mí había un espejo. Fruncí el ceño. Me vi a mí sonriendo, con calma. ¿Cómo me iba a matar mi propio reflejo?
-Ha sido una mala elección... Pero recordemos que tenías las dos posibilidades... ¡¡Jajajajajajajjaajjajajaja!! Yo soy tú y te voy a matar... ¿Quién te va a matar? ¡Es obvio! ¡Tú!-mi reflejo sacó una mano del espejo.
Yo me asusté y quise salir corriendo, pero mis piernas no me respondían. Mi propio reflejo estaba frente a mí, mirándome, con las manos a la espalda.
-¿Derecha o izquierda?

a. Derecha
b. Izquierda


a.
-D-Derecha...-dije temblando de miedo.
Mi reflejo sacó una pistola de detrás de su espalda y me la ofreció. La cogí rápidamente y cuando estaba a punto de disparar contra lo que fuera aquello que había salido del espejo, mi mano apuntó la pistola en mi sien. Mi cara reflejaba puro terror.
-¡No! ¡No controlo mi mano! ¡Socorro! ¡Ayúda-! -no me dio tiempo a terminar de hablar, disparé contra mí y morí en el acto. Desde entonces ambas, la real y la falsa, hemos estado juntas siempre. Aunque jamás entendí nada de lo que sucedió en aquella habitación.


b.
-I-Izquierda...-dije temblando de miedo.
Mi reflejo se abalanzó sobre mí y me agarró del cuello, ahogándome.
-¿¡Por qué!? ¿¡Por qué no me hiciste caso, eh idiota!? ¿¡Y por qué mierdas no me recuerdas!? ¡Esto es frustrante! ¡Muere de una maldita vez! Deberías haber vuelto con ellos y ¿tú has decidido quedarte conmigo? ¡ERES GILIPOLLAS! ¡MUERE!
Perdí la conciencia. Cuando volví a abrir los ojos, no vi nada, todo estaba negro. No podía verme ni siquiera a mí. Y flotando en aquella nada me quedé para siempre.


2.
Con el miedo corriendo por mis venas, decidí correr hacia delante, sintiendo que alguien me perseguía. Cada vez corría más rápido, cuando de repente pegué un bote al escuchar el móvil sonar de nuevo. Estaba en una encrucijada que daba a tres caminos. Contesté sin saber hacia dónde ir.
-Uno de los caminos te lleva a la salida... Los otros dos a dos tipos de muerte diferentes, uno con un final feliz y otro con un final malo... ¿Hacia dónde irás? ¡¡Jajajajajajajajajajajaja!! El tiempo corre...

2a- Hacia la izquierda
2b- Hacia delante
2c- Hacia la derecha



2a.
Miré los tres caminos, todos parecían iguales. Me fié de mi instinto y corrí hacia la izquierda. Al llegar al final del camino, había una puerta. La abrí con cuidado. Detrás estaba una copia de mí, en una silla, enfrente de una silla igual pero vacía. ¿Debería sentarme o volver atrás y elegir otro camino?

2a1- Entrar y sentarse
2a2- Dar media vuelta e irse



2a1.
Me senté con cierto temor en la silla y adopté la misma posición que mi copia. De pronto me miró y sonrió.
-Hola, menos mal que has llegado hasta aquí sin ningún daño.
-Ho-Hola... ¿Quién eres?
-Tu gemel@. Nosotros fuimos gemel@s.
-Yo... Yo no tengo hermanos.
-¿No te lo han contado aún? Vaya, entonces te lo explicaré yo, supongo. Tú y yo somos herman@s gemel@s. Al nacer amb@s, nuestra madre murió y nuestro padre ya estaba muerto mucho antes, así que fuimos dad@s en adopción. Sin embargo, yo nací con una extraña enfermedad y morí a los pocos días, pero tú seguiste adelante.
-¿Q-Qué...?
-Sé que es difícil de asimilar, pero cuando vuelvas a casa podrás preguntarles a papá y a mamá.
-¡C-Cierto! ¿Dónde diablos estoy?
-En tu subconsciente, estás en coma. Había muchas posibilidades de que hubieras muerto por ti misma o por mi imagen atacándote diciéndote que era yo y que por qué me habías olvidado, pero por suerte llegaste aquí y podrás salvarte, herman@. Ven, te llevaré a casa.-dijo ofreciéndome su mano.
Yo la cogí algo reticente, pero abrió una puerta, me abrazó y me deseó buen viaje. Luego me tiró de un empujón contra un espejo y cuando volví a abrir los ojos, mis padres estaban allí a mi lado y yo estaba en el hospital.
Cuando pregunté todo aquello que me dijo mi reflejo, resultó que no lo había soñado mientras estaba en coma, realmente l@ había visto. Era real.



2a2.
Con miedo por no saber qué podría pasar si me sentara allí, me di media vuelta y justo cuando me dispuse a irme, una luz blanca me cegó la vista durante unos segundos, en los cuales sentí fuertes dolores en el vientre. Cuando pude volver a ver, mi vientre estaba coloreado de rojo sangre y tenía feas heridas. No me podía mover y el sueño me invadía. Poco a poco me quedé dormid@. Y ya jamás desperté.


2b.
Miré los tres caminos, todos parecían iguales. Me fié de mi instinto y corrí hacia delante. Al llegar al final del camino, había una puerta. La abrí con cuidado. Algo o alguien me empujó dentro antes de que pudiera ver qué había allí. Todo estaba oscuro y de pronto empecé a ver todas y cada una de mis peores pesadillas. Chillé, pero nadie vino a ayudarme nunca.



2c.
Miré los tres caminos, todos parecían iguales. Me fié de mi instinto y corrí hacia la derecha. Cuando estaba a punto de llegar al final del pasillo, un fuerte dolor hizo que me cayera de rodillas y gritara. El corazón, sentía cómo se había parado, me dolía, sentía que me moría. Me desplomé en el suelo y segundos después sentí unos brazos recogiéndome del suelo, pero jamás vi a dónde me llevaban.



















domingo, 4 de septiembre de 2016

Gekokujou (Revolución) - Prólogo

Me llamo Len. Y la chica rubia de ojos azules y muy parecida a mí es mi hermana gemela, Rin. Han pasado quince años desde la Tercera Guerra Mundial. Y hoy, hace que falten cinco meses justos para que la familia Hatsune se haga con el poder. Los herederos nacieron un año antes que nosotros, un año antes de que terminara la guerra. Todo había quedado destruido, solo peleaban dos familias: la Hatsune y la Kagamine. Hace quince años, decidieron unir nuestras familias al morir dos jóvenes enamorados de nuestras dos familias. Hace unos meses, Rin y yo descubrimos los terribles planes de los de verde, los Hatsune. Separarán todas las parejas que hayan con ambas familias y se llevarán a los niños a una muerte segura. Los mayores de edad nacidos de personas procedentes de ambas familias deberán jurar lealtad a los de verde y a los nacidos de nuestra familia serán esclavizados. Y nosotros debemos impedirlo. O eso, o moriremos. Y no vamos a morir, no lo permitiremos.

Entre bailes de salón - Prólogo

-No. Esto no me puede estar ocurriendo a mí. –dijo Dante al ver ese 4’99 en el último examen de Literatura.
-¿Qué sucede, Dan? –le preguntó su amigo Adam.
El chico rebelde, alegre y divertido de ojos verdes intensos y pelo castaño con algunos rizos, ahora se encontraba serio e incluso, se podría decir, algo pálido.
-Profesor, debe haber algún error en mi examen… Por favor… ¡Necesito aprobar este examen!
-Pues haber estudiado más, señor Lianel. Esa es su nota. Y no hay más que hablar.
***
Horas después, Dante se encontraba en el comedor junto con su amigo Adam.
-Hey, tío, desde que nos dieron el examen estás super serio y aburrido… ¿Qué te pasa? No es el primer examen que suspendes.
-Hice un trato con mi madre… Dijimos que si suspendía este examen, tendría que entrar en la escuela de baile de salón y sacar el color naranja como mínimo… Ese es el grado dos… Dios mío… Voy a morir.
-¿Y por qué quiere ella meterte allí?
-Ella lleva años queriendo meterme en la escuela para que aprenda… Y yo siempre me he negado.
-Bueno, pues no le digas a tu madre la nota.
-¿Tú recuerdas a mi madre, verdad?
Adam, con su piel morena y sus ojos oscuros, asintió mientras tragaba saliva. El primer día que él entró en su casa, la madre le hizo un tour completo, le dio un banquete y le leyó todas las reglas a seguir dentro de su casa. Adam se frotó su pelo negro, despelucándose un poco.
-Y entonces, ¿qué vas a hacer?
-Pues aguantarme… Saltarme las clases… Desobedecer… Cosas así, hasta que me echen ellos, supongo.
-Está bien eso.
-Bueno, ya me tengo que ir.
-Claro. ¡Recuerda que tenemos partido dentro de dos semanas! ¡No puedes faltar!
-¡Sí, sí! –se despidió de su amigo con la mano y se montó en el coche de su madre.
***
-¿Qué tal el día? –preguntó su madre mientras conducía hasta la casa.
-Mamá… ¿Puedes no hablarme hasta que lleguemos a casa? Por favor.
-¡Eso es que te han entregado el examen suspenso! Ya sabía yo que no podrías cambiar de hábitos tú solo… Por eso ahora tendrás a un profesor particular.
-¿¡Qué!? ¡Eso no entraba en el trato!
-Uno de los profesores de la escuela me dijo que podría darte clases gratis a cambio de que entraras en la escuela de baile. Y dado que lo vas a hacer… –sonrió. Su plan había salido a la perfección.
-Creando esos planes tan malévolos y rebuscados… Mamá, a veces eres odiosa.
-Pero en verdad me quieres como madre tuya que soy. ¿A que sí, mi niño? –paró en un semáforo y le besó la mejilla.
-Sí… Vámonos a casa, por favor. No aguanto más esto…
***
Al llegar a casa, la madre anunció la noticia.
-¡Dante va a entrar en la escuela de baile de salón!
-Mamá, por favor…
-¿De verdad? –preguntó Annette, su hermana pequeña de doce años, mientras terminaba de hacerse el moño rubio para la clase de baile que iba a tener pocos minutos después.
-Sí, de verdad…
-¡Bien! Así cuando necesite practicar, lo haré contigo.
-Que te lo has creído, enana. Olvídalo.
-Ya vendrás a mí pidiéndome ayuda para los exámenes… –dijo mientras subía la escalera con movimientos gráciles.
-Cuando papá venga para comer, se lo diremos. ¡Seguro que le encanta la noticia!
-Sí, ya… Me voy a mi habitación.
-Pues ya que estás por allí podrías ordenarla un poco.
-Síiiiiii…-subió los escalones de dos en dos y se encerró en una habitación totalmente desordenada.
Los libros estaban caídos y puestos al tuntún por la estantería. La ropa sucia estaba acumulada en la silla del escritorio y en el suelo. El escritorio, lejos de estar limpio y preparado para estudiar como le gustaría a la madre, estaba lleno de folios y dibujos, junto con un portátil el cual nunca se sabía si estaba apagado o simplemente suspendido. Las paredes estaban forradas por distintos posters de grupos de música o de chicas en bikini.
Dante se tiró en la cama de un salto y se puso los cascos. De su móvil comenzó a sonar Drugs, de Eden, y cerró los ojos. No quería aprender baile de salón. Aunque su hermana fuera buena y su padre le hubiera enseñado un poco a su madre, a él no le hacía la más mínima gracia. Lo odiaba. No se le daba bien bailar, y mucho menos con una pareja.
Su madre, harta de llamarlo para que bajara a comer, entró en la habitación.
-¿Quéeeeee…?
-He dicho que a comer. Se te enfría la comida. ¡Y limpia esto, por Dios, que parece una pocilga! –bajó  las escaleras rápidamente mientras Dante volvía a cerrar los ojos.
***
-Y bueno, ¿ha pasado algo interesante hoy? –preguntó el señor Lianel.
-Hoy la profesora me ha dicho que ya puedo presentarme al examen de grado cuatro. –dijo orgullosa Annette mientras sonreía ampliamente.
-¡Eso es fantástico! ¿Cuándo son los exámenes?
-Dentro de un mes y medio. Tengo que practicar mucho y perfeccionar la técnica.
-¿Y ya sabes a quién escogerás de compañero? –comentó la madre.
-Igual que siempre, mamá, a Alex. Y él me ha dicho que me va a escoger a mí. –sonrió ampliamente.
-Me alegro de que sigáis siendo compañeros aun después de lo que pasó la última vez. Lo hacéis muy bien juntos. –dijo el señor Lianel.
-Bueno, él en realidad no tuvo culpa de que una de sus estanterías le cayera encima del pie el día anterior al examen. Pero le he dicho que esta vez tenga cuidado con las estanterías. Que aunque aprobara el grado anterior, quiero que los profes se queden con la boca abierta.
-Esa es mi niña preciosa. Y bueno, Dante, ¿tú qué tal?
-¡Él se va a apuntar a clases de baile de salón! –dijo su madre emocionada.
-¿En serio? ¡Qué gran noticia! ¡Me alegro de que al final hayas dado este gran paso!
-Oh, no. Ni lo sueñes. No voy por voluntad propia. Mamá me obliga.
-¡Eso dices ahora! Ya verás como más tarde quieres ir por el simple gusto de ir.
-Oh, claro. En tus sueños, papá. Además, de que mamá me ha puesto un profesor particular.
-Ya, lo sé.
-¿¡Y te parece bien!? Pero si tú eras más gamberro que yo en el instituto, papá, no me jodas.
-Esa boca, señorito. –su madre le miró reprochándoselo.
-Claro que me parece bien, -dijo tras una pausa- yo le di la idea y conseguí contactar con aquel profesor. Fue amigo mío en la infancia y te enseñará bien tanto una cosa como la otra.
-Sí, ya… Pero no me parece justo.
-¿Ah, no? ¿Por qué?
-Porque tú sacabas peores notas que yo.
-Claro, porque yo tenía un puesto asegurado en la empresa de mi padre. Tú, no.
-¿Y por qué no? Si le pedimos al abuelo…
-No sigas por ese camino. El abuelo no te cogerá. A mí me enseñó todo sobre la empresa, pero tú no tienes ni idea de nada. Ve desechando esa opción.
-Pero…
-Basta ya. Comamos, que se enfría la comida. –cortó el padre poniendo punto y final.

Y no se volvió a hablar del tema en toda la noche.

Baraja de Cartas - Prólogo

   -Me aburrooo…-dijo Kictko mirando la pantalla del ordenador.- No sé qué hacer…
   Kictko se levantó del asiento y dio un par de vueltas por la habitación pensando. ¿Qué podría hacer para divertirse? De pronto, una notificación sonó en su ordenador. Kictko la miró curiosa.

   -¿Qué es esto…? ¿Un juego? ¿De qué va todo esto…? Enterémonos.-dijo mientras entraba y leía toda la página en cuestión de minutos.- Esto es muy interesante… y ya sé a quiénes voy a escoger… ¡Esto va a ser muy divertido!-rió mientras empezaba a prepararlo todo rápidamente.

Y en ese mundo vivían ambos

Y en ese mundo vivían ambos. Él, capaz de leer los sentimientos en la mirada. Ella, capaz de guardar todo en su interior sin que nadie lo viera. Ambos estaban destinados a estar juntos por la eternidad, así lo dictó el destino. Pero a veces la vida es tan cruel, que decide no hacer caso al destino. Y ella los mantuvo separados. Ella sufría en silencio. Él veía el sufrimiento en los demás sin saber qué hacer. Todos se metían con ambos, solo por no conocerse. Y un día, ambos hicieron lo mismo, en el mismo momento. Quisieron conocerse y ambos le dieron la espalda a la vida. Y cuando se encontraron, ambos encajaron perfectamente. Sus almas se hicieron una en un suspiro y ambos desaparecieron en el mundo. El pecado del chico era poder ver los sentimientos. El de ella, ocultarlo todo. Y el destino decidió perdonarlos y hacerlos desaparecer.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Y de nuevo... Pero cambié (One-shot)

Antes de empezar la historia, deciros que podéis encontrarla también aquí: https://www.wattpad.com/163026360-y-de-nuevo-pero-cambi%C3%A9-oneshot-y-de-nuevo-pero

Ahora sí, la historia:

Y de nuevo... Pero cambié (One-shot)
Me despierto, como cada día, libre de sueños, libre de pesadillas, libre de dolor. Sonrío, aunque noto que algo falla. No me importa. Voy a la cocina e intento cocinar algo simple, tortitas. Cuando logro hacerlas, me asaltan los recuerdos. Ambos comíamos mis tortitas todas las mañanas de los sábados... Y hoy es sábado. Hacía tiempo que no te recordaba. Aunque no me disgusta, al contrario, me reconforta. Aquel descubrimiento me libró del dolor de haberme dejado. Aunque ahora añoro ese pedazo de amor que enterrado salía cuando te recordaba y me hacía llorar. Pero al menos, ya no sufro por ti.

He decidido que saldré a dar un paseo. Estoy feliz, hace un buen día. Camino bajo los árboles, estoy con aquel abrigo que me regalaste. Es otoño y las hojas caen. Me encanta la caída de hojas desde la instalación. Es precioso. Me quedo mirando los árboles cuando veo una hoja caer. Parece que cayera del cielo y no de un árbol y sonrío. De nuevo, me vuelvo a acordar de ti. Apenas recuerdo por qué me dejaste, pero aún así, recuerdo cuando recogías un montón de hojas y nos tirábamos encima. Era divertido. Sigo caminando y veo una cafetería. Desde la instalación de La Máquina, no me han atraído mucho las cafeterías, pero aún así, hoy me apetece entrar y tomar algo.

Al entrar, escucho el tintineo de las campanillas que cuelgan del techo. El lugar parece acogedor, y aquel asiento en la esquina me reclama, aunque no sé cómo lo siento. Me siento en la parte que da al cristal y miro por la ventana. Veo niños jugar y sonrío ampliamente. Al coger la carta, mis ojos van directos a una taza de chocolate caliente. Intento mirar más cosas, pero lo único que me llama la atención es el chocolate, así que pido uno.

Cuando me traen el chocolate, tomo un sorbo. Riquísimo. Vuelvo a mirar por el cristal y al volver a ver a los niños, digo en voz alta: "¿Te imaginas que fuésemos padres?" Al instante veo que tontería acabo de decir y que he hablado con el aire. Aunque algo me ha hecho decirlo. Estornudo. Busco en los bolsillos algún pañuelo para limpiarme, pero topo con algo duro y frío. Lo saco. Es... un anillo. Nuestro anillo. Nuestra alianza. Por dentro lleva grabados nuestros nombres y la fecha de nuestro aniversario. Que coincidencia. Es hoy. Pido que me cambien el chocolate para llevar y entonces recuerdo que pasó aquí. Aquí nos prometimos casarnos. Sonrío y recojo el chocolate. Guardo el anillo en el bolsillo de nuevo y salgo a la calle.

Tras varios minutos andando sin rumbo, me acerco a tirar el vaso donde iba el chocolate en una papelera. Cuando voy a irme, leo algo que me hace parar. Cementerio. Hasta aquí me han llevado mis pies. Es raro. Sólo recuerdo haber venido una vez, mucho antes de La Máquina No Amor No Dolor (LMNAND). Me pica la curiosidad por saber quién anda por allí. Y entro.

Después de un rato paseando, me paro. No sé por qué, pero siento una atracción por una de las tumbas. Me acerco. Cuando leo el nombre, noto que algo va realmente mal. La Máquina falla. Vuelvo a sentir dolor y amor. En la lápida, está tu nombre escrito. Lloro, como nunca antes lo había hecho. Ahora recuerdo por qué me dejaste. Ahora lo recuerdo todo. Y todo viene con emociones incluidas.

Después de un rato estando a su lado, acabo recordando lo que dijo el técnico que puso La Máquina: "No creo que eso te aguante mucho. En verdad le amabas. Se romperá por amor. Pero no te preocupes, tenemos más." Querido técnico, tenías razón. Pero te equivocaste en algo. Hoy de nuevo me levanté como siempre. Pero cambié. No quiero dejar de sentir amor y dolor. Quiero sentir la realidad, lejos del "paraíso" que La Máquina nos da. Acaricio la tumba y en ese momento un viento se levanta. "¿Aún estás aquí, eh? Te amo." "Te amo" me susurra el viento. Y una última lágrima cae justo encima de la tumba. Y desaparece.